La mala educación

Recuerdo que cuando me entregaron mi resultado del ICFES* en 1996 que me puse a mirar “para qué me daba”: Psicología estaba en 285/400 y Medicina y Derecho en 320/400 – para todas me alcanzaba, por fortuna.  Pero me llamó la atención que Licenciatura en Pedagogía Infantil y Pedagogía estaban apenas en 220 y 240.  Recuerdo que pensé “con razón”.

Hoy los periódicos informan que los estudiantes evaluados en Colombia con las pruebas PISA volvieron a tener un desempeño pobre.  Esto no es ninguna novedad: el Ministerio de Educación viene hablando sobre el tema desde la primera vez que participamos en 2006, y los problemas fueron los mismos.  O no los mismos – quizás se han acentuado (aunque otro problema es que cada vez más naciones participan, con lo cual quedamos más y más abajo cada vez).

Las redes sociales critican al gobierno y especialmente a la ministra de Educación, a quien se le pide informalmente la renuncia.  Yo no quiero repetir aquí lo que es evidente y que muchos han dicho: que la educación ha venido descuidándose en Colombia cada vez más y que parece que lo “urgente” (echar bala, reprimir, robar y castigar) no ha dejado tiempo para lo importante.  Yo lo que quiero decir es que el problema no es solo de educación sino de sociedad.  A ver me explico:

En 2007 Heiner Rindermann publicó un análisis que confirmó algo que ya se sabía intuitivamente: que hay una alta correlación entre PISA y otras pruebas y la inteligencia general de los países.  Es decir, entre más bajos los puntajes en PISA, más bajos los coeficientes intelectuales de los estudiantes.  Saquen las conclusiones que quieran (pero primero lean el artículo).  Ya se, amigos científicos, que eso es de esperar, teniendo en cuenta el diseño de estas pruebas de CI, pero bueno, ahí está el dato igual y es importante.  En todo caso este es un ejemplo de como los puntajes de PISA son indicadores indirectos de otras realidades, otras ventajas y otras deficiencias también.  Otros estudios han encontrado que el entorno familiar, y la estructura de los colegios y del sistema educativo, entre otros factores, también están relacionados con los puntajes.  O sea que los resultados de las pruebas de PISA no solamente son indicadores de capacidades lectoescritoras o de habilidades matemáticas: revelan también que hay estructuras y procesos que terminan por hacer impacto en esos desempeños.

En Finlandia, país cuyo sistema educativo es reconocido como uno de los mejores, si no el mejor del mundo, ser profesor es dificilísimo.  Quienes quieren hacer una maestría en educación deben tener puntajes dentro del 10% superior – es decir, quienes son profesores allá es porque fueron mejores que el 90% de sus compañeros (que entre otras, casi todos tienen mejores puntuaciones que nuestros estudiantes).  Arrancan además sus carreras con salarios anuales de USD $30.000 (al cambio de hoy unos 4 millones 800 mil pesos por mes**), pero lo que creo que definitivamente inclina la balanza en su favor es que en Finlandia la profesión más respetada es la de profesor, y mucha gente quiere ser profesor (en Colombia a mucha gente le toca, porque no le dio el ICFES, porque es lo más fácil, o por lo que sea).

He conocido profesores del distrito que son muy buenos.  Me parece magnífico, por ejemplo, que las nuevas generaciones estén en manos de mis compañeros de la maestría en Historia de la Javeriana (bueno, casi todos).  Pero la mayoría de “pedagogos” y “maestros” que he conocido son personas que odian su trabajo, están completamente “quemados” y que apenas si saben lo que enseñan – gente con mala ortografía, que a duras penas lee un libro al año, que se resiste a las TIC pero que salva el pellejo con esos artículos tan malos de la Wikipedia en español y que sueña con la comodidad del escalafón.  ¿Qué enseñan de verdad estos “docentes”? Amigo lector, ¿de dónde cree que sale tanto hampón, tanto desadaptado, tanto traidor? Pues de las casas de familia y de las escuelas.  Estos malos padres y malos maestros que abundan en Colombia enseñan la violencia, el irrespeto, la “atarbanería”, la ley de la selva, la cultura del atajo.

Todavía en nuestro país es un problema que nuestros mejores estudiantes, los que han tenido las mejores oportunidades, los mejores colegios, la mejor educación, digan que quieren ser profesores.  Una tragedia, a ojos de nuestra estirada oligarquía de trapo, solo comparable a que quieran ser músicos o artistas de circo.  Y creo que el primer eslabón del cambio que necesitamos es que nos “finlandicemos” en el tema de la educación (otro día escribiré sobre la importancia de los músicos y los artistas de circo para el buen funcionamiento de una sociedad).

Por cierto, no es imposible – Finlandia era una porquería de país en educación y en muchas otras cosas hace 40 años.  Pero se pusieron las pilas y lo hicieron.  Imposible que gente tan recursiva como la nuestra no sea capaz de darle vuelta a esta situación.

 

*El examen del ICFES es, en pocas palabras, nuestra versión del SAT o de cualquier Leaving Certificate.
** Que no son salarios muy altos, es cierto – pero compensados con el excelente sistema de seguridad social y la alta calidad de vida, no hay queja.  En todo caso no es el dinero lo que importa, sino la formación, la dedicación y la motivación

2 thoughts on “La mala educación

  1. Felicitaciones por su artículo y por las citas tan bien argumentadas, como siempre un placer leerle. Saludos

  2. “…Y creo que el primer eslabón del cambio que necesitamos es que nos “finlandicemos” en el tema de la educación…”
    ¡Excelente reflexión, me gustó mucho, disfruté mucho leerlo!
    Gracias.

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