El bully

No soy un bloguero muy constante, pero cada cierto tiempo me dan ganas de escribir.  Normalmente cuando veo algo que siento que tengo que comentar, como este lindo post de Andrés Rodríguez.  En resumen es una analogía entre nuestro país y el famoso estereotipo del “bruto de la clase” – un tonto que se destaca en los deportes pero que es menos que brillante en el resto de asignaturas.  Viene a cuento debido a los recientes éxitos deportivos de los atletas colombianos en el mundo, de verdad algo para elogiar en un país donde el apoyo es insuficiente.

Además de ser el bruto de la clase, que está que no se cambia por nadie porque le salieron un par de cosas, Colombia tiene un problema grave de autoestima, muy dañada por las cagadas del año pasado que la convirtieron un tiempo en un verdadero paria en el colegio.  Y como además desde ese entonces no para de arreglar las cosas a las patadas, pues se ha vuelto un matón, un bully.

Se me viene a la cabeza Nicolette Van Dam, exembajadora de buena voluntad de ONU a quien se le ocurrió la mala idea de reenviar un tuit donde salían futbolistas colombianos esnifando el aerosol con el que los árbitros señalan la barrera de un tiro libre como si fuera cocaína.  Por supuesto no se hizo esperar la reacción por Twitter de un montón de colombianos reclamando, unos pocos de buena manera y otros muchos así:

tuitsNicolette rectificó minutos después pero ya la Cancillería y las embajadas estaban metidas en el asunto (en otro tono, por supuesto), y no hubo disculpa que valiera – la reacción fue tan abrumadora que la actriz no tuvo más remedio que renunciar a su cargo.  Y en el mismo mundial, vieran la de gente que se puso a decir que el partido con Brasil lo perdimos por culpa del árbitro, que nos robaron, y algunos, incluso la prensa, se fueron al extremo.

Ahora ojo, yo no estoy diciendo que estas cosas esté bien hacerlas, y que no haya que hacer caer en cuenta a la gente de que las cosas que dice pueden ser ofensivas e irracionales, pero estos episodios evidencian que a pesar de que el país se siga cayendo a pedazos, que las FARC sigan matando inocentes, que los niños se sigan muriendo de sed en La Guajira, que asesinen policías en los puentes peatonales y funcionarios dentro de un edificio de gobierno, en Colombia no aprendemos por qué cosas reclamar ni cómo hacerlo.  No nos indigna lo anterior, no hacemos mucho por solucionar nuestros problemas pero ay de aquel que medio se atreva a señalarlos, porque le respondemos con dos piedras en la mano.  “A la colombiana”, como desafortunadamente se ha vuelto.

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