Cerati

Al concierto donde presentaba “Bocanada”, que me parece que fue en el Palacio de los Deportes, llegué tempranísimo porque quería estar lo más cerca posible. El piso lo cubría una lona verde y todas las luces estaban prendidas. Caminé libremente por ahí mientras seguía llegando la gente y le di varias largas miradas a la tarima donde horas después mi gran ídolo iba a hacer su magia.

Sigo pasando revista a mis recuerdos. La gente sigue llegando, el telonero toca, no se ni quien es, solo quiero ver a Cerati. Estoy cerca, muy cerca. Y finalmente sale, ahí está. Camisa negra, creo recordar. No, tal vez se me mezclan los recuerdos, creo que esta vez tiene la misma camisa clarita que usaría después en el video de “Cosas Imposibles”. De la guitarra sí estoy seguro, la Gibson ES-335 roja.

Comienza “Río Babel”, creo. Apenas hace dos años se había acabado lo más importante que ha pasado en la música de América Latina en lo que a mi respecta: Soda Stereo. Yo soy un fan enloquecido, un culicagado que no entiende y que a estas alturas le echa la culpa a Cerati, pero igual voy a verlo porque es mi ídolo.

Toca “Bocanada”. Y uno de los momentos más mágicos de mi vida sucede. El tipo prende un cigarrillo, toca la canción, y en un momento simplemente se para frente al micrófono y echa una bocanada de humo a contraluz. Solo veo su sombra gigante contra el telón y la bocanada flotar sobre el y luego sobre nosotros. Como la carátula del disco pero por ahí mil veces mejor. No puedo creerlo. Todo se junta, la música, el sentimiento, el tipo, mi vida. Siento que no puedo más. Este recuerdo se imprime en mi cabeza como con hierro al rojo vivo. Simplemente no lo puedo creer y en mi corazón y mi cabeza me entrego a este semidiós, más grande que todos nosotros.

Gustavo Cerati era un tipo enormemente talentoso. Muy. Me parece que tenía esa misma capacidad de hacer cosas increíbles con la música que han tenido pocos. Era un Debussy, un tipo que de verdad hacía cosas imposibles con esa guitarra. Un mago verdadero, que emocionaba no solo con sus canciones sino con su puesta en escena.  Y sus letras, que no decían nada pero que decían todo. De qué se tratan sus canciones? Dicen que “Cuando pase el temblor” es sobre la masturbación, que “Un misil en mi placard” es sobre un cigarrillo después de hacer el amor, que “Luna Roja” es sobre la menstruación, o sobre el SIDA o no se qué más cosas. Para mi sus canciones siempre han sido sobre todo. Siempre se me ocurre un fragmento de una canción de el para cada momento.

Fue muy triste saber lo de su ACV. Yo sabía que no había esperanzas, que esos ojos azules nunca más se iban a abrir. Que a sus Gibson, sus Parker, sus Jackson, y a su inseparable Paul Reed Smith Custom Multifoil, la Venus de Milo de su colección, nunca más las iban a hacer cantar como el lo hizo. Sentía mucho pesar todos estos años cada vez que oía a Lilian Clark dar cuenta de su esperanza y de las señales que veía. Ya se nos había ido el gran Gustavo de una forma absurda, pero mientras latiera su corazón creo que todos sentíamos que estaba.

El miércoles me entró una nostalgia.  Cogí mi guitarra y toqué “Disco Eterno”, como lo he hecho mil veces.  O sea una paila, reconocible pero a años luz de lo que tocaba Gustavo.  Luego puse el capo y toqué “Lisa”, y luego el riff de “Cosas Imposibles” y al final el de “Adios”.  Puse en mi Facebook el video de “Disco Eterno” en la gira “Me Verás Volver” y escribí algo para recordar ese momento y lo afortunado que me sentía de haber estado allí, cuando ví el último concierto de Soda Stereo en Colombia.   También vi a Cerati algunas veces más, no pude verlo en “Fuerza Natural” desafortunadamente, me hubiera gustado mucho.

Al otro día murió.

Acabo de ver en televisión a un personaje que entraba a la Legislatura Porteña a despedirse de Cerati.  Iba con una banderita de Argentina con un agradecimiento escrito.  “Soy Ricotero”, dice, “y siento culpa porque muchas veces le canté ‘Luca no se murió, que se muera Cerati la puta que te parió’… pero esa era una guerra de egos entre el Indio y el, y esto es cultura, y el era un grande del rock argentino”.  Con carita y corazón humildes iba a dejarle un tributo por su obra, porque más allá del maldito hooliganismo del rock argentino de esa época, no hay nada que hacer: era un mago, y un genio.  Como dice Todd Rundgren, “a wizard, a true star”.

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