Y más plata perdida…

Mis estudiantes y amigos recordarán que hace dos años, cuando instalaron los famosos paraderos de la carrera 7ma en Bogotá, que la “administración” de entonces promocionó como el fin del desorden del transporte público en esa vía, dije varias veces en clases y conversaciones que el dinero que se estaba invirtiendo en las estructuras metálicas, las cintas, los volantes, los mapas, los chalecos naranja y el personal era plata perdida: que esa inversión iba literalmente a la basura porque no iba a cambiar la situación y el despelote iba a seguir exactamente igual.

Para el lector que se haya salvado de tener la desagradable e incómoda experiencia del transporte público bogotano, se lo describo rápidamente: empresas particulares son dueñas de las rutas o recorridos, y conceden derecho de circulación a propietarios de buses (los buses no son de las empresas) por una módica suma, y los propietarios a su vez arriendan a conductores (que pueden o no ser los mismos propietarios), quienes conducen Y cobran al mismo tiempo.  Como ganan su sueldo a destajo (por pasajero recogido), paran donde quieren.  El interés de las empresas explotadoras de las rutas y de los propietarios sobre el estado de los vehículos y el comportamiento de los conductores es mínimo, en tanto los conductores y los propietarios paguen su arriendo.

Pues bien, en una triste nota el periódico El Tiempo reportó ayer que las estructuras metálicas de los paraderos que hace rato no se respetan (desde su construcción, prácticamente) se encuentran en deterioro debido al vandalismo.  Obvio.  Esto era lo que decía yo (y muchas otras personas) hace dos años.  Y es que cualquiera que tenga la más mínima noción de análisis de la conducta humana podría haberlo previsto.  Voy a explicarlo cosa por cosa para quienes quieren profundizar en las razones: la Secretaría de Movilidad consideró que la instalación de paraderos y una campaña de promoción cambiaría la conducta de las personas y ese sueño maravilloso de miles de bogotanos haciendo ordenada fila en los paraderos para tomar el bus se haría realidad.  Ello presupone que:

  1. La razón (o al menos, la principal razón) por la cual los pasajeros no respetan los paraderos es porque no hay paraderos (pero si hubiera lo harían).
  2. La razón por la cual los conductores no paran en los paraderos es porque no hay paraderos (pero si hubiera lo harían)
  3. Si a la gente se le informa que un cambio va a tener lugar, cambiará su conducta de buena gana.

Con lo cual todos estos años de evolución de nuestra comprensión del comportamiento humano (y de la ciudad, por cierto) son ignorados de plano.  Los problemas conductuales aquí son que:

  1. Ya dijimos que los conductores de autobuses en Bogotá ganan su sueldo por pasajero recogido – es decir, entre más pasajeros recojan, más dinero ganarán.  Si los pasajeros deciden, como es el caso de Bogotá, señalar su intención de tomar el autobús en cualquier lugar, que sea o no sea un paradero oficial, lógicamente el conductor no tendrá más remedio que detener el vehículo donde vea que un pasajero lo reclama.  Tampoco tendrá problema en atravesar rápidamente la calle con su vehículo para llegar al andén y recoger al pasajero, con lo cual crea todavía más desorden en el tráfico.
  2. Y los pasajeros ya han aprendido, por observación y experiencia, que no es necesario ir al paradero para tomar el autobús: basta con salir a la calle y extender la mano y oh maravilla, el vehículo se detiene y el pasajero puede subir.

Está claro que la idea de los paraderos es una buena idea.  Concentrar a los pasajeros en espacios discretos separados por una cierta distancia aumenta el tiempo que los buses están rodando y disminuye los atascos y los accidentes que crean los conductores al ir de un extremo al otro de la vía súbitamente para recoger a un pasajero.  Además puede tener efectos benéficos en la salud de los pasajeros, al obligarlos a caminar hasta el paradero.  Y digamos que también puede propiciar ocasiones de información (publicidad, revistas) y de interacción (ojalá positiva) entre ellos.  Si no fuera una buena idea no funcionaría tan bien en varias ciudades del mundo.

Sin embargo, en tanto no se modifiquen las condiciones que realmente controlan las conductas de los conductores y los pasajeros, no va a pasar nada.  Y estas condiciones no pueden reducirse a “es que no hay paraderos”.  No es por eso.  Bueno, señor psicólogo, entonces qué hay que hacer? Cómo hacemos para transformar esta triste realidad?  Bueno, pues ya dije cuales son las condiciones que mantienen el problema, cuestión es de cambiarlas:

  • Páguele un sueldo fijo a los conductores por unas horas de trabajo a la semana, independientemente del número de pasajeros que recoja.  Total, se lo merece – es un trabajo como cualquiera.
  • Utilice un programa de inspectores encubiertos haciéndose pasar por pasajeros que premien a los conductores que paren en paraderos y castiguen a los que no lo hacen, con un sistema de puntos ligado a bonificaciones, por ejemplo.  Los primeros dos meses este sistema debe ser intensivo: cualquier conductor debe tener por lo menos un inspector encubierto al día.  Después se puede disminuir progresivamente, pero lo importante es garantizar que el conductor no sepa si lleva o no lleva un inspector.
  • Los pasajeros se irán dando cuenta de que señalar su intención de tomar el autobús ya no funciona si no es en el paradero, e irán ajustando su conducta.  Puede ayudar hacer una campaña informativa en los mismos paraderos y en televisión nacional, para que entiendan las razones y no tengan que descubrirlo lentamente a través de la experiencia.
  • Las ventajas de los paraderos se irán haciendo evidentes y como no está el elemento de destajo, no hay realmente necesidad de que el conductor pare en sitios distintos a los paraderos.  La conducta se generalizará y el sueño se hará realidad.

Evidentemente exige un cambio un poco dramático: ni más ni menos que cambiar el esquema de pago de los conductores.  Bueno, pues hay que hacerlo.  Y si no se hace ahora se tendrá que hacer después, cuando sea más costoso, pero tendrá que hacerse.  Presupuesto? Sí hay.  Ojalá más pronto que tarde se puedan implementar estos cambios.

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