Mi respuesta a Sergio Gorzy

Después de la contundente victoria de la selección Colombia ayer por cuatro goles sobre Uruguay, el periodista de ese país Sergio Gorzy se despachó contra el fútbol colombiano, acusándolo (con alguna dosis de verdad) de estar gobernado por una institucionalidad “bárbara” que no hizo nada ante el hecho de que el aire acondicionado del vestuario del equipo del sur estuviera apagado y además de ser un “narcofútbol” cuyo producto en términos de trofeos era escasísimo.  Remató diciendo que los colombianos somos y seremos, por esas razones, eternos perdedores.

Esta respuesta lógicamente nunca la leerá Sergio Gorzy, pero me gustaría de todas maneras intentar una respuesta más o menos civilizada, ya que mis compatriotas se han tomado Twitter en las últimas horas y con sus insultos y amenazas generalmente han confirmado la visión de Gorzy de que somos una “manada de salvajes”.  Esto es un problema del cual hablaré en otro momento, pero por ahora quisiera responderle a Gorzy en forma de carta.

Entonces, aquí va:

Estimado Sr. Gorzy,

Me complace saludarle, y me apena que usted, sus socios y la selección de su país hayan pasado tan malos momentos en Barranquilla.  Entiendo el dolor que le causa como hincha la derrota, sobre todo porque se ha perdido un invicto de 18 fechas.  No obstante, el camino es largo y Uruguay se mantiene en buenas condiciones con miras al final de la eliminatoria.  Les deseo, de corazón, lo mejor.

Me gustaría llamar su atención sobre sus comentarios después del partido, con los cuales se refirió a nuestro fútbol como un secano estéril, financiado por el narcotráfico y atrapado en el sopor de su institucionalidad y en su destino de fracaso.  Lo dijo usted con palabras mucho menos elegantes, pero esa es la idea.  Yo lo digo así porque acostumbro medir mis palabras y ponerme en el lugar del interlocutor.  Si usted hubiera tenido tal cortesía, habría pensado en la tragedia de nuestra gente, atrapada entre una clase dirigente displicente, apática ante el dolor ajeno, y una guerra tonta que se pelea con químicos y armas antes que con control de la demanda, peleada por otros países en nuestro territorio.  Mis compatriotas y yo sufrimos todos los días, en todo momento, en todo lugar, las consecuencias de esta guerra, y nos hiere profundamente que se nos anteponga el prefijo “narco”.

Porque, verá usted, la mayoría de nosotros no tenemos nada que ver con la droga.  Ni nos va ni nos viene, como decimos por aquí.  Pero por ella todos sufrimos.  Usted no tiene, como uruguayo, ningún problema para visitar otros países, por ejemplo.  Los colombianos de bien, que somos muchos, me atrevería a decir que la mayoría, somos parias del mundo, discriminados por nuestro pasaporte, cargando siempre con un pecado que no es nuestro.  Yo he sido tratado como criminal en aeropuertos del mundo por mi pasaporte, y he tenido que oir innumerables chistes idiotas sobre la droga, porque soy Colombiano.  Y, dirá usted, que es verdad que a Colombia se la conoce por la droga, a lo cual le responderé que es bastante inapropiado caracterizar a una gente, en un tiempo, de esa manera tan laxa.  Es como decir que, como a Alemania se le conoce por el Holocausto, todos los alemanes son asesinos.

Al llamar a nuestro fútbol “narcofútbol”, hace usted una peligrosa generalización.  Nuestro “narcofútbol” ha dado grandes jugadores que se han destacado en clubes de todo el mundo – no necesito recordárselos, usted seguramente los tiene presentes, y la selección nacional ha derrotado en franca lid a grandes equipos del mundo y se ha ganado con justicia lo que se ha ganado.  Sea mucho o poco, eso no importa – dirá usted con razón que Uruguay es la selección más exitosa en el mundo del fútbol, pero la verdad es que la última medalla olímpica fue en 1928, la última copa del mundo en 1950, y últimamente solo ha ganado la Copa América de 2011, después de un ayuno bastante largo.  Muchos equipos del mundo tienen un mejor récord a lo largo del tiempo, mostrando consistencia, respaldada por títulos.

Acusar al clima de la derrota de Uruguay es demeritar el trabajo de sus jugadores.  Un jugador profesional de fútbol es eso: un jugador PROFESIONAL de fútbol.  Una persona entrenada, preparada para dar lo mejor de sí en el terreno de juego en cualquier condición.  Insinuar que a sus jugadores los venció el calor es irrespetuoso con ellos y con sus rivales – seguro que el clima tiene alguna influencia, pero tanto como afirmar que decide un partido es desconocer que el rival pudo jugar, y muy bien, en la misma temperatura.  O equivaldría a decir que hay partidos que no vale la pena jugar porque el termómetro marca tanto o cuanto.

Me disculpo por el comportamiento de mis compatriotas que lo han estado atacando por Twitter.  Igual que en la mayor parte de América Latina, por no decir del planeta, su forma de expresar su inconformidad es inadecuada y agresiva.  Yo he querido hoy intentar hacerlo de una manera más civilizada.

Finalmente, el fútbol que usted y yo amamos es, al final, un juego.  No puede convertirse en un instrumento para pisar los derechos y el buen nombre de nadie.  Los colombianos nos sentimos ofendidos con sus comentarios.  Muchos entendemos que los mismos fueron alimentados por el dolor de la derrota, pero también esperamos que con cabeza fría se disculpe con el pueblo colombiano por sus palabras, ofensivas y dichas a la ligera, sin ponerse a pensar un momento en la tragedia de la que se mofan.  Si más gente lo pensara dos veces antes de lanzar expresiones incendiarias, el mundo sería un lugar mejor.

Nuevamente le deseo la mejor de las suertes a su equipo en esta competencia, recordándole que aunque todos salimos a ganar, a veces somos derrotados.  No pasa nada, el mundo no se acaba.  Lo bonito del fútbol es eso, que es como la vida misma: unas veces se gana, y otras se pierde.

Un saludo fraterno,

Luis Manuel Silva

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