El nombre del terrorista

Tengo aquí un amigo con un apellido típico de su país musulmán, algo así como Pérez pero en esa nación. Dice que no viaja a Estados Unidos porque siempre lo “eligen” para las famosas entrevistas en el cuarto de pre-deportación, y pasar por inmigración es una tortura.

En la misma veta, el profesor Mauricio García publica su historia – a pesar de haber tenido visa para Estados Unidos y haber visitado ese país varias veces en las útimas décadas, la última ocasión tuvo que cancelar sus actividades debido a una demora causada porque… tiene un homónimo terrorista. Sí señores, hay por ahí otro Mauricio García que representa “una amenaza para los intereses de EE.UU.”, como dirían ellos mismos.

Pero no es al único.  Colombianos de renombre por una u otra razón como el futbolista Giovanni Moreno, el chef Elkin Escobar, el director técnico Luis Fernando Suárez, y otros cientos de connacionales han sufrido esta discriminación.  Gente de bien, que no va a Estados Unidos a hacer cosa distinta que trabajar honradamente o gastarse su plata bien ganada turisteando, pero que recibe en la cara el seco rechazo de los funcionarios consulares con frases cortantes e intimidantes como “la ley no se lo permite”, “no tiene dinero suficiente”, “no está bien en su país como para visitar el mío” o “usted ha llevado drogas a mi país”.

Ahora bien, es cierto que en el mundo desde hace tiempo un funcionario consular o de inmigración, en representación de un país, puede decidir a quien deja entrar en el y a quien no.  Y no vamos a criticar eso.  Lo que sí me parece increible es lo que señala el profesor García: no es posible que en el país con los mejores sistemas de información del mundo a uno le nieguen una visa o una entrada solo porque hay otra persona que se llama igual que uno.  A ver, es que con el perdón del profesor García, Mauricio García es un nombre común y silvestre que lo tienen yo creo que millones de personas en el mundo.  Mejor dicho, si yo quisiera ponerme en contacto con el profesor García,  y el me dijera “ah, búsqueme en Facebook” (bajo el supuesto dudoso de que tiene tiempo y ganas de tener Facebook), pues me jodí porque antes encuentro al terrorista que a el, con tantos Mauricio Garcías que hay.

Pero también dice bien el profesor García en su artículo que normalmente no sería problema si no fuera porque además somos Colombianos.  Y gracias a la política exterior de EE.UU., que no deja de sorprender por su paranoica torpeza, resultamos siendo todos 50 millones de criminales en potencia.  Mejor, 50 millones de traficantes de droga, y ahora por extraña extensión terroristas.  Es decir, primero condenan y criminalizan las drogas (excepto cigarrillos y alcohol) en el fondo con intención de excluir por raza y pobreza, y luego deciden que por el solo hecho de haber nacido en Colombia uno es potencialmente un traficante.  Uno esperaría que semejantes juicios tan absurdos fueran cosa del pasado, digamos cuando los españoles sugerían que haber nacido en América era la cagada porque uno tenía “la mancha de la tierra”, pero ya ve que no.  Eso que llama García “peligrosismo penal” ha sobrevivido todo este tiempo, a pesar de que uno esperaría que después de 500 años las cosas hubieran cambiado mínimamente al menos.

Claramente esta no es una situación exclusiva de los Colombianos.  Desde el punto de vista de pasaportes y visas creo que nos va mejor que a, digamos, los iraníes, los iraquíes y los afganos, por decir tres que recuerde.  Y ciudadanos de otros países latinoamericanos y hasta de España han tenido los mismos problemas.  Un fulano cualquiera, con unos pesos (o soles o reales o bolivianos o bolívares o lo que sea) y ganas de conocer a Mickey Mouse y de pronto hasta de llevar a su familia, va a una embajada de EE.UU. y le niegan la visa porque se llama Juan García y resulta que en la lista del FBI hay un Juan García.  Luego va otro que se llama Pedro Pérez y lo mismo, y el siguiente en la cola se llama Alexis Flores y adivinen…

Pero bueno, si uno no es parte de la solución es parte del problema.  Así que desde aquí yo le ofrezco mis servicios al gobierno estadounidense para que deje de hacer pendejadas en este asunto.  Le propongo dos cosas:

  1. Si se sospecha que el solicitante es un terrorista o que de cualquier manera amenaza los intereses de su país, igual dele la visa.  En el aeropuerto, los equipos de US-VISIT igual verifican nombres y pasaportes de todos los que llegan a territorio estadounidense (legalmente), entonces ahí pueden cotejar las huellas de una vez y lo cogen y lo encierran.  Punto.  Es más, no veo por que no se puede hacer ese proceso en una embajada.
  2. Estoy seguro de que yo, que no soy programador de computadores pero algo se, puedo diseñar en un par de días un sistema de cómputo que busque en bases de datos de nombres y que en 2 minutos compare la información del solicitante con la del terrorista y ya estuvo.  Si lo puedo hacer yo, seguro que lo pueden hacer sus excelentes ingenieros del MIT o de donde sea.

Y al gobierno Colombiano, me encantaría recomendarle miles de cosas que creo  que pueden hacer de este un país mejor, pero por ahora esta me parece chévere: incentiven el turismo interno, carajo.  Cuánta gente del interior no conoce el mar?  Cuántos colombianos no hemos visto un delfín rosado? Cuántos no hemos ido a Caño Cristales? Cuántos se han perdido de esa maravilla natural (amenazada) que es el Parque Tayrona? Se necesitan meses, quizás años para turistear todo lo turisteable en Colombia.  Y más allá están los demás países latinoamericanos, hermanos que no nos piden visa.  Qué rico sería que en Colombia siempre tuviéramos ganas de ir a conocer otro pedacito de nuestro país, en vez de querer dárnoslas de haber “cruzado el charco” o “haber ido a Disney”.

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