Savita y los abortistas

Tremendo jaleo se ha armado en Irlanda en estos días después de la desafortunada muerte de Savita Halappanavar.  Inclusive aquí, a corta distancia de St. Patrick’s College, principal seminario de Irlanda y a su vez uno de los escenarios del más grave escándalo de abuso infantil en el país, se vive con fuerza un ambiente de protesta, inconformidad, y hasta vergüenza.  En la calle y en los periódicos la gente dice avergonzarse de ser irlandesa.  El sentimiento es tal que hace un par de días llegué tarde a una cita porque me estrellé de frente con 2000 personas que protestaban frente al Dáil (Parlamento) y hasta el momento más de 5000 han confirmado su asistencia en Facebook a la gran protesta de mañana en Dublín, con el fin de presionar al gobierno para que finalmente decida legislar sobre la voluntad del pueblo, que según me cuentan se ha pronunciado en dos referendos: sí al aborto.

El gobierno ya ha ordenado, eso sí, una investigación sobre el caso.  Dos son los hechos relevantes del mismo, y que no necesitan la confirmación de la indagación gubernamental: el primero es que Savita murió, aunque no está totalmente claro que tenga relación con no haber practicado el aborto, y el segundo es que los médicos se negaron a practicar el aborto que ella y su esposo reclamaban, con la excusa de que Irlanda es un país católico.

La verdad es que después de hablar con algunas personas aquí, entiendo la acción de los médicos.  Al no haber legislación explícita sobre el particular, comprendo que los médicos hubieran querido evitarse una causa penal y la pérdida de su licencia en el futuro – quién garantizaría que después del aborto quirúrgico no recibirían una demanda por homicidio o algo por el estilo?  Ante la duda, prefirieron la inacción, y en su juicio profesional determinaron que si bien se produciría eventualmente una pérdida natural, no había alto riesgo para la madre.  No contaban con que efectivamente Savita desarrolló una septicemia y murió.

Creo que la rabia de la gente sobretodo está relacionada, sin embargo, con la excusa de los médicos.  A pesar de que Savita y su esposo solicitaron la terminación del embarazo, el argumento para negarse fue que “Ustedes están en un país Católico”.  Semejante afirmación, repetida hasta el cansancio en los medios irlandeses, solo ha contribuido a que crezca como bola de nieve el sentimiento anti-católico (anti-religioso, de hecho), bien nutrido desde hace años gracias a los escándalos de abuso sexual infantil en conventos y seminarios.  Los atacantes dicen que mujeres como Savita mueren como consecuencia del pensamiento “medieval” y “arcaico” asociado a la religión católica, que reprocha y prohíbe la terminación artificial del embarazo, a lo cual responden los creyentes diciendo, no sin algo de verdad, que la muerte de Savita nada tiene que ver con razones religiosas.

Creo en efecto que en realidad ha sido la torpeza y la ligereza de los médicos, al esgrimir como excusa un desafortunado argumento religioso en vez de uno legal (y entonces sería otra la discusión) para escapar a las posibles repercusiones, lo que ha enfadado tanto a la gente, aunque no desconozco que el movimiento pro-elección es fuerte aquí y que la enorme mayoría de los irlandeses indignados con este caso lo apoya (por no decir que todos).

Sea como fuere, argumento religioso o legal, la sociedad se ha movilizado (y lo hubiera hecho igual, seguramente, si la ligereza de los médicos nunca hubiera salido a la luz).  Los irlandeses, que no se caracterizan a sí mismos como gente afín a la protesta, se han volcado a las calles y a los medios sociales para intentar obligar a su gobierno a sentarse y legislar sobre lo que le han pedido.  Y seguramente lo conseguirán.  Un ejemplo para nosotros los Colombianos, que actualmente luchamos por no perder nuestra conquista en este terreno: la C-355/06.

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